domingo, 4 de diciembre de 2011

MALTRATO VERBAL O CÓMO DESTRUIR UNA AUTOESTIMA

En nosotros las emociones son fundamentales y omnipresentes, como el respirar, aunque las ignoremos como a veces olvidamos que respiramos.
Las emociones necesitan un campo social para su desarrollo y según sea éste incidirá en toda la persona, tanto en su salud física como en su salud mental y social. Un cerebro también precisa estimulación afectiva para desarrollarse.
Con las emociones positivas respecto a uno mismo es como se genera el desarrollo de una buena autoestima y una pregunta recurrente es cómo mejorar la autoestima.
Siempre he tratado de responder a esta pregunta con un símil gástrico "teniendo una buena alimentación emocional", o al menos lo mejor posible, alimentándonos de buenas compañías, realizando cosas satisfactorias, tratando de hacer cosas útiles para uno mismo y para los demás, permitiendo que nos quieran, para lo que tenemos que permitir que nos conozcan (los humanos solemos huir de lo desconocido), y un largo etcétera.
Pero me he dado cuenta de que tal vez ayude más conocer aquello que hipotéticamente puede destruirnos, para así poder evitarlo, o al menos darnos cuenta que podemos estarlo sufriendo en nuestras propias carnes sin haber caído en la cuenta de cuan mortífero puede ser el veneno que nos suministran gota a gota. Un envenenamiento brusco puede poner en marcha procesos policiales y a la justicia, pero si se hace gota a gota, puede minar la salud de la víctima y pasar desapercibido, máxime si esas gotas son psicológicas y se administran con discreción pero con constancia, como "la gota malaya".
El resultado de este envenenamiento es la muerte psíquica de la persona, su autodesvalorización, la destrucción de su iniciativa, de su crítica, de su juicio, de su autonomía, de su libertad. Provoca la sensación de inseguridad, de culpa permanente que desemboca en ansiedades y en miedos que anulan la voluntad.
Llegué a la idea de que si lo positivo para tratar de mejorar no llegaba fácilmente, tal vez planteando lo negativo, lo que nos destruye, fuera más fácil reconocer si se esta afectado, ya sea ejecutando el papel de víctima o de verdugo. Porque aunque no lo parezca, hay tanto víctimas como verdugos que no saben que lo son.
Es por ello que he estado unos días recordando situaciones, actitudes, hechos, etc., por medio de los cuales se puede destruir a una persona. No con el ánimo de crear un manual para torturadores o terroristas psicológicos, sino para ayudar a identificar algunas situaciones perniciosas en las que podemos vernos metidos, ya sea como espectadores o participantes, como víctima o como verdugo inconsciente, como ejecutor de violencia de género masculino o femenino, de tan lamentable actualidad.
Las claves que se ofrecen más adelante son de uso preferente entre las mujeres, ya que no necesitan el uso de la fuerza física, aunque es bueno disponer de una lengua rápida. Muchos hombres también las usan y aumentan su efectividad con la palanca de la fuerza.
Espero que su uso sea para beneficio de la humanidad y no suceda lo mismo que con la energía nuclear, aunque sabido es que toda moneda tiene dos caras.
Para abordar un tema tan delicado y cruel, que puede y de hecho esta haciendo sufrir a muchas personas, he tenido que posicionarme del lado del humor, reconozco que humor negro, pero humor al fin y al cabo. También podía haberme callado, pero callar lo que sabemos todos ¿para qué sirve?. Al ponerlo sobre el tapete, podremos seguir mirando a otro lado, pero nos tendremos que buscar otras disculpas, ya no nos valdrá decir que no lo sabíamos.
Si lo que sigue le puede parecer cruel, piense que cuando ésta crueldad se ejerce sobre un bebé que no tiene defensa, es mucho más fácil y sus efectos más catastróficos. Con ignorarle, no atenderle, no alimentarlo o tratarlo con brusquedad, podemos ocasionarle daños de por vida. Lamentablemente la realidad supera la ficción y encontramos adultos que son maltratados y lo han sido de niños
En los "consejos" que se refieren abajo, me he dirigido al verdugo, como animándole a que sea más eficaz en sus atrocidades y así, llevándolo al extremo, queden en mayor evidencia sus mecanismos destructivos, para que quedando patentes, sean más fáciles de reconocer tanto para él mismo como para su víctima y pueda ponerse a trabajar en el camino de la eliminación de tales comportamientos.
No se trata de aumentar la crueldad, sino de ser conscientes de lo que hacemos o recibimos de los demás para así poder actuar adecuadamente.
Éste iba a ser un decálogo humorístico de cómo destruir una férrea autoestima, con la intención de que su negación llevase a la construcción de la misma. Pero el decálogo se ha autorreproducido y han surgido muchos más ítems de los esperados, lo que demuestra que es mucho más fácil destruir que construir.
El tono agresivo, la brevedad, el gesto y la concisión aumentan su potencial, como se podrá comprobar si se leen en voz alta.
Pondré en primer lugar el que considero la joya de la corona, con el que tendría que haber terminado, pero no quisiera que el aburrimiento que les impedirá llegar al final les prive de ella, (habla el verdugo):

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